La uña encarnada es, con diferencia, lo que más vemos en consulta. Casi siempre empieza igual: una esquina que molesta con el zapato, un poco de rojez, y la tentación de arreglarlo en casa.
Lo que no conviene hacer
- Cortar la esquina en pico. Alivia un par de días, pero la uña vuelve a crecer hacia dentro y con más fuerza.
- Meter algodón debajo. Retiene humedad y es caldo de cultivo para una infección.
- Hurgar con tijeras o alicates. Si queda una espícula (un trocito de uña clavado), seguirá clavándose aunque ya no se vea.
Lo que sí ayuda mientras tanto
- Baños de agua templada con sal, diez minutos, dos veces al día.
- Calzado ancho de puntera o abierto, y calcetín de algodón.
- Mantener la zona limpia y seca después del baño.
Cuándo no hay que esperar
Si hay pus, la piel de alrededor está muy roja y caliente, o tienes diabetes o mala circulación, pide cita cuanto antes. En esos casos una uña encarnada no es una molestia: es una puerta de entrada a una infección.
Corta las uñas rectas, sin redondear las esquinas, y que asomen un poco por delante del dedo. Es la mejor prevención que existe.
¿Y si vuelve una y otra vez?
Hay uñas que, por su forma, siempre acaban clavándose. Para esos casos existe una cirugía sencilla con anestesia local que estrecha la uña de forma definitiva. Se hace en la consulta, en menos de una hora, y caminas al salir.