Cuando alguien viene con una lesión de corredor, una de las primeras preguntas es qué zapatillas usa y cuántos kilómetros llevan. Estas son las cinco cosas que revisamos.
1. El desgaste de las que ya tienes
Trae tus zapatillas viejas. La suela cuenta cómo apoyas mejor que muchas pruebas: dónde se gasta, si la mediasuela está hundida por un lado o si el contrafuerte del talón se ha vencido.
2. La caída (drop)
Es la diferencia de altura entre el talón y la puntera. Pasar de golpe de una zapatilla con mucha caída a una plana carga el tendón de Aquiles y el gemelo. Los cambios, poco a poco.
3. La horma
La puntera tiene que dejar que los dedos se abran al apoyar. Una zapatilla estrecha es la causa más habitual de uñas negras y durezas entre los dedos.
4. La amortiguación según tu ritmo y tu peso
Más amortiguación no siempre es mejor. Depende de cuánto pesas, a qué ritmo corres y por dónde: asfalto, tierra o cinta.
5. Los kilómetros que llevan
Una zapatilla de entrenamiento suele dar de sí entre 600 y 900 kilómetros. A partir de ahí la espuma ya no responde igual, aunque por fuera parezca nueva.
Compra las zapatillas por la tarde, con el calcetín con el que corres: el pie se hincha a lo largo del día y al correr.
Si te lesionas a menudo, un estudio de la pisada en cinta nos permite ver qué pasa en cada zancada y decidir si te basta con cambiar de zapatilla o necesitas plantillas.